jueves 28 de julio de 2011

Toda historia tiene un comienzo

Estos son los primeros pasos al capítulo 1: Liam.
Las presentaciones son las de Liam y Carolina, y su relación. Ahora mismo estoy investigando las características del "amor adictivo" en todas sus maneras más negativas, de modo de buscar alguna disfunción en la pareja

Simple. Se notaba en su vestir. Era algo formal, pero desarreglado, de camisa arrugada y traje desgastado. Su pantalón, un jean viejo. Visto de lejos su pantalón podría pasar por un viejo andrajo o parecer algo mugriento.
Salió de la panadería comiendo un trozo de pan, haciendo lujo de su estilo rústico, poco pulido, masculino pero tímido. Una timidez de brazos caídos, de ojos esquivos y aparentemente sumisos.
Su andar era tranquilo, pasible. Disfrutaba de su pan con la tranquilidad del hombre que nada tiene que hacer o de qué preocuparse.
Caminaba con una alegría apagada debajo de la imperceptible llovizna. Miraba vidrieras al pasar. Le llamaban la atención las tiendas de libros. Se detuvo frente a una. Observaba todo el panel lleno de diferentes tapas que le llamaban la atención. Siempre dirigía la mirada hacia los libros de leyes. Le atraía las formalidades aplicadas a los asuntos humanos. Se imaginaba en grandes estrados, peleando con gente muy acaudalada, defendiendo derechos de desamparados, ganándole a los poderosos.

- Liam, ¡cuánto tiempo sin verte! ¿Andás buscando alguna novedad? Vinieron unos libros nuevos, pero están saladitos.
- ¿Pero cuánto cuestan más o menos?
- y mirá cayó uno así de los que te gustan a vos, pero está como trescientos mangos.
- ¿y pero porqué decís pero?
- y... es caro Liam
- y pero es caro depende de tu bolsillo, no jusguez cuánto puedo gastar. Me hacés sentir un rata pelado. No me gusta eso.
- Ya empezamos. Seguí mirando Liam
- Bue.

Liam tenía por costumbre ser algo tosco para poder expresar su forma de pensar. Era directo, a veces demasiado. { #inferencia #mastarde Eso sin embargo no le hacía una persona chocante o conflictiva. Más bien pasaba siempre por situaciones dejando una impronta de incomodidad entre los involucrados. El era el típico buenazo que no sabía como decir correctamente las cosas, pero las decía de corazón, sinceramente, sin deseos de lastimar a nadie. Liam no tenía mucho tacto y la sutileza no estaba en su vocabulario. Tosco, rudo, y atolondrado: tres palabras que lo definían la mayor parte del tiempo. }

Liam entró a la librería y observó donde estaban las novedades. Con gusto observaba las tapas. Se imaginaba que contenido podían tener. Estaba acostumbrado a clasificarlos por la cantidad de texto que tuvieran en la tapa: si éste era desprolijamente ordenado en un libro de economía o política, sería interesante de leer. Si el libro era de literatura, ver una rosa, el dibujo de una mujer o letras cursivas era signo de una novela cuyo público, especulaba, sólo serían mujeres. Si los dibujos eran de templarios, dibujos extraños, cruzes o cualquier símbolo religioso, no era más que otro libro comercial queriendo mezclar mentiras con verdades, de manera de perturbar las mentes más débiles. Tan solo lectura comercial de paso.

- ¿Y vas a comprar algo Liam?
- Sí, ahora luego voy a la verdulería a comprar un kilo de bananas
Alejandro, su amigo, "El pelado", no sabía si tomarlo del saco y empezar a sacudirlo, o simplemente reirse por la tontés de su amigo, quien nada sabía de ironías, y siempre le había parecido torpe, pero de buen corazón.
- Un día te voy a regalar un libro Liam: Inteligencia emocional.
- ¿Y de qué es?
- Liam... ¿vos sabés lo que es una ironía?
- Sí, lo que acabas de hacer vos.
- ¿Y? ¿no respondés?
- no vale la pena, no me rebajo a tu cobardía de decir las cosas de manera retorcida. Sos un pelotudo y punto. ¿ves que fácil que te lo digo?
- decí que somos amigos Liam
- a veces lo digo. Hay veces que quiero decirlo y no puedo lamentablemente. Chau Ale, me tengo que ir. Después nos vemos.

Liam seco e imperturbable se fue del lugar siguiendo por las compras de los víveres para el almuerzo. Su esposa lo estaría esperando en casa. Una espera excepcional, ya que era su día libre. Generalmente no estaba en la casa en todo el día, ella también trabajaba.

Cuando Liam llegó a su casa, luego de unas compras realizadas con total tranquilidad, fue recibido por su esposa de una manera hostil, más de lo habitual. Ella le reclamaba el tiempo que le hizo esperar, el tiempo que le hizo desperdiciar de su día libre. Carolina no era una mujer intranquila, pero no le gustaba sentir que perdía el tiempo, que su vida se iba en cosas insípidas e inútiles. Y a veces podía ser muy reactiva.
Liam la escuchó como siempre y le prometió enmendar "su error". Admitió un "error" de manera mentirosa. En su corazón él estaba convencido de que no había hecho nada malo pero hizo una admisión para que su mujer se calmara. A esas alturas del matrimonio tampoco mucho le importaba lo que ella opinara de pequeñeces, porque no pensaba que algunos momentos de más usados para hacer las compras fueran motivos de discusión. Liam jamás fue un gran seductor, pero sabía algunas cosas del mundo del amor como para escribir un libro. Y la primer ley era: "ellas jamás se equivocan: la mujer siempre tiene la razón. Si usted desobedece a esta regla, habrá dezasón". Por eso Liam optaba por el silencio de vez en cuando.
Se ofreció a cuidar a su hijo durante todo el día para que Carolina disfrutase del día con sus amigas sin preocupaciones. Además necesitaba estar en contacto con el chico, a quien no había visto muy frecuentemente los últimos días debido a su trabajo.
No iba a ser reticente y negarle un día maravilloso a su propia mujer. La amaba. Y así como hacia caso omiso de alguna que otra queja, también le daba un tiempo para su disfrute. Ya habría ocasión para limar asperezas. No había necesidad de tratar de apagar el fuego con fuego.
Liam era un conocedor nato de las relaciones a largo plazo casi por arte de magia, aunque solo había tenidos dos novias antes de Carolina. Carolina, en cambio, quien había crecido en la rápida y lujuriosa urbe porteña, donde el tiempo siempre transcurría más rápido y se deslizaba de los dedos de la gente, como miel, exasperando ánimos y desgastando saludes, experimentaba el amor al ritmo del demonio porteño. Ella había tenido una sola relación fallida de dos años de duración y varios intentos de conocer gente. Y nunca tuvo problemas para conseguir lo que quería de los hombres. Hasta que dio con Liam. El tipo más inescrutable y trasparente que haya ella conocido.

Durante el resto del día, Liam cocinó y dejó que su mujer se encargara de su jardín. { #inferencia #mastarde Cuidarlo para ella era un hobbie que le de permitía estar nuevamente conectada con la tranquilidad. Últimamente estaba nerviosa, más de lo normal. No se estaba sintiendo muy estable en la relación}
Más tarde iría con sus amigas a tomar un café. Carolina tenía un grupo muy amplio de amigas y quería ir a chismear acerca de los últimos rumores. Siempre que volvía de sus pequeños "aquelarres", le contaba encantadísima a Liam los pequeños detalles sucios de la vida de otras mujeres. Liam era totalmente reticente a eso, pero igual así aceptaba el tema de conversación por una cuestión de sobrellevar la convivencia. Pero igual así, Carolina siempre se quejaba de que él no era muy cómplice en las críticas a sus conocidas. Siempre terminaban molestos. Pero se reconciliaban rápidamente, porque ninguna pequeñez podría con su amor.